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La legitimidad del derecho y la nueva liturgia judicial

Toda transformación judicial profunda termina planteando la misma pregunta: ¿de dónde sale la legitimidad de quien juzga?

La legitimidad del derecho y la nueva liturgia judicial
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Toda transformación judicial profunda termina planteando la misma pregunta: ¿de dónde sale la legitimidad de quien juzga? En México, con un Poder Judicial de la Federación en plena reconfiguración — nuevos órganos, nuevos perfiles de ingreso, nueva geometría de plenos y tribunales — la pregunta no es retórica. Y la respuesta corta es incómoda: la legitimidad no se decreta en una reforma ni se hereda con el nombramiento; se construye en cada decisión, y la liturgia del proceso — cómo se escucha, cómo se argumenta, cómo se explica — es su materia prima.

La liturgia no es decorado

Por liturgia judicial entendemos el conjunto de prácticas con que el poder se presenta ante el justiciable: la forma de las audiencias, el tono de las resoluciones, la puntualidad, la claridad del lenguaje, la manera de tratar a las partes. Durante décadas, parte de esa liturgia mexicana operó como barrera: lenguaje inaccesible, plazos opacos, decisiones que parecían emanar de una autoridad distante. Cuando la forma comunica distancia, el fondo — aunque sea correcto — pierde fuerza legitimadora. La ciudadanía no evalúa solo qué se decidió; evalúa cómo fue tratada mientras se decidía.

El riesgo de cambiar todo menos la experiencia

Las reformas estructurales suelen concentrarse en organigramas y competencias: qué órgano resuelve qué, cómo se elige a quien juzga, cuántos tribunales hay. Todo eso importa, pero es invisible para el usuario del sistema si la experiencia concreta del proceso no cambia. Una persona que acude a un juzgado no percibe el nuevo organigrama; percibe si la escucharon, si entendió lo que pasó, si la decisión llegó en tiempo razonable y explicada en términos que puede comprender. Si la nueva arquitectura judicial no transforma esa experiencia, la legitimidad esperada no llegará sola.

Tres prácticas que sí construyen legitimidad

Primera: decisiones argumentadas en lenguaje claro. Una sentencia que explica sus razones sin tecnicismos innecesarios respeta al vencido y educa al observador. Segunda: procesos predecibles. Plazos que se cumplen, audiencias que no se suspenden sin causa, información procesal accesible. La predictibilidad es una forma de respeto. Tercera: trato digno en audiencia. El juzgador que escucha de verdad, que no humilla, que permite que las partes expongan, está haciendo trabajo de legitimación aunque no lo nombre así.

El papel de la abogacía

La liturgia no la escriben solo los juzgadores. Los litigantes somos corresponsables de la calidad del proceso: en cómo presentamos los escritos, cómo tratamos a la contraparte y al personal del tribunal, cómo explicamos a nuestros clientes lo que puede esperar. Un despacho que prepara a su cliente para la experiencia real del proceso — tiempos, formas, posibilidades — contribuye a que el sistema sea percibido como legítimo incluso cuando el resultado es adverso. La decepción con el sistema nace muchas veces de expectativas que el propio abogado infló.

La tentación del atajo

Frente a la construcción lenta de legitimidad, siempre aparece la tentación del atajo: apelar a la autoridad del cargo, al respaldo político del momento o a la mayoría circunstancial. El problema es que la legitimidad prestada se cobra con intereses: cuando cambia la mayoría o el momento, la autoridad sin raíz propia se desinfla. La única legitimidad durable del poder judicial es la que genera su propio desempeño, observado y evaluado por quienes pasan por él.

Una agenda modesta pero real

No hace falta otra gran reforma para empezar: hacen falta resoluciones mejor escritas, audiencias mejor conducidas, información procesal abierta y una conversación pública sobre la experiencia del justiciable. La liturgia correcta no es la solemne ni la populista: es la que trata a cada persona como parte de un proceso que le pertenece. Esa liturgia sí es nueva, y sí es urgente.

Lo que está en juego para la profesión

Para la abogacía, la calidad de la liturgia judicial no es un tema abstracto: es el entorno en que se ejerce el trabajo todos los días. Un sistema con procesos predecibles y decisiones argumentadas premia la técnica y la preparación; un sistema opaco premia otras cosas. Por eso la defensa de una liturgia digna y transparente es también defensa del ejercicio profesional basado en el mérito. Los colegios y barras tienen aquí un papel institucional concreto: observar la práctica de los tribunales, documentarla y conversar con el poder judicial sobre la experiencia del proceso, no solo sobre las cifras de resolución.

Preguntas frecuentes

¿Qué es la liturgia judicial?

El conjunto de prácticas con que el poder judicial se presenta ante el justiciable: forma de audiencias, lenguaje de las resoluciones, puntualidad y trato.

¿Por qué importa para la legitimidad?

Porque la ciudadanía evalúa el sistema no solo por sus decisiones sino por cómo fue tratada durante el proceso.

¿Qué puede hacer un abogado?

Escribir claro, tratar con respeto, explicar el proceso real al cliente y no inflar expectativas para ganar el encargo.

¿La legitimidad depende de las reformas estructurales?

Solo en parte: sin cambios en la experiencia concreta del proceso, los cambios de organigrama no bastan.

Fuentes y límites

Información, no asesoramiento jurídico.

Redacción Agente Lex Redacción

Equipo editorial de AGENTE LEX. Elaboramos análisis y actualidad para la abogacía a partir de fuentes públicas y oficiales, que enlazamos al final de cada artículo.

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