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La mediación funciona cuando deja de ser un trámite

Llevar la mediación a los tribunales sin llevarla a la mentalidad produce sesiones vacías: la cultura del acuerdo no se decreta, se practica.

Dos personas estrechando manos en una mesa de mediación
Imagen generada con IA

Cualquier abogado litigante uruguayo conoce la escena: audiencia de mediación, las partes sentadas porque la norma las obliga, el abogado que ya anunció "mi cliente no va a ceder", y media hora después el acta de fracaso que habilita a seguir litigando. Se cumplió el trámite. No se intentó el acuerdo. La distancia entre esas dos cosas es la distancia que la mediación uruguaya todavía tiene que recorrer.

El trámite que vacía el instituto

La mediación se introdujo con una idea potente: muchos conflictos no necesitan un juez, necesitan una conversación estructurada que el litigio organizado no produce. Convertida en requisito procesal, esa idea se invierte: la sesión se vive como el peaje que hay que pagar para llegar al juicio. Los abogados llegan sin mandato real de negociación, las partes llegan sin saber qué se juega allí, y el mediador dirige un acto que todos quieren terminar. El dato no es nuevo en ningún sistema que hizo obligatorio lo que no era cultural: la obligación llena salas y vacía acuerdos.

La cultura que lo hace funcionar

La mediación funciona donde hay una cultura del acuerdo, y esa cultura tiene componentes concretos. Abogados que evalúan con el cliente el costo completo del litigio —tiempo, dinero, relación, incertidumbre— antes de descartar la transacción. Mediadores con formación seria y autoridad de proceso, no solo de contenido. Empresas que miden a sus asesores también por los conflictos que evitaron. Y tribunales que tratan la mediación como una etapa sustantiva y no como un formulario previo.

De todos esos, el eslabón decisivo es el abogado. El cliente negocia si su abogado le muestra que negociar es una estrategia y no una debilidad. La transformación cultural del instituto pasa por la formación de los operadores más que por una reforma legal más.

Qué ganaría Uruguay

Una cultura de mediación real aliviaría tribunales, abarataría el acceso a la justicia y preservaría relaciones que el litigio destruye —familias, socios, vecinos, proveedores de años—. Uruguay, por el tamaño de su mercado y la densidad de sus vínculos, tiene más que ganar que la mayoría: aquí el adversario de hoy es el cliente, el colega o el vecino de mañana.

El cambio no se decreta. Se practica: una mediación preparada en serio, un mandato de negociación real, un acuerdo que evita tres años de juicio. Cada uno de esos casos es un argumento más fuerte que cualquier campaña institucional.

Lo que cada operador puede hacer ya

Mientras la cultura general madura, cada abogado puede cambiar su práctica esta semana: llegar a la mediación con un mandato de negociación conversado con el cliente, con rangos y alternativas pensadas de antemano; preparar al cliente para una conversación y no para una audiencia; y evaluar después, con honestidad, si el acuerdo posible era mejor que el juicio probable. La cultura del acuerdo se construye así, sesión por sesión, o no se construye.

Una nota sobre los números

Cuando se evalúan las estadísticas de mediación conviene leerlas con cuidado: un alto porcentaje de "mediaciones realizadas" puede esconder una mayoría de actas de fracaso tramitadas en minutos. El indicador que importa es el acuerdo cumplido, no la sesión celebrada. Los sistemas que miden lo primero aprenden; los que miden lo segundo se felicitan. Uruguay tiene los operadores y el marco para estar en el primer grupo; falta que la práctica cotidiana acompañe al discurso institucional.

El papel de las empresas

Las empresas grandes, que concentran buena parte del litigio civil y comercial, tienen en la mano una palanca cultural que no usa: exigir a sus asesores externos una evaluación seria de acuerdo antes de litigar, y premiar —no penalizar— a los gerentes que cierran conflictos temprano. Mientras el incentivo interno sea "que lo resuelva el tribunal para que nadie firme el acuerdo", la mediación seguirá siendo teatro procesal. La cultura del acuerdo empieza en quién firma la decisión de no acordar, y con qué preguntas llegó hasta esa firma.

El mediador como profesional

Nada de esto funciona sin mediadores formados de verdad: no basta la buena voluntad ni la sola experiencia jurídica, porque conducir una negociación entre partes enfrentadas es una competencia específica que se aprende y se entrena. La inversión en la formación y selección de mediadores es probablemente la partida con mayor retorno de todo el sistema, y también la más fácil de recortar cuando el presupuesto aprieta. Cada recorte allí se paga después en actas de fracaso.

Lo que la experiencia comparada enseña

Los sistemas donde la mediación maduró no lo hicieron por decreto sino por una combinación aburrida y efectiva: formación seria de mediadores, incentivos procesales bien diseñados, medición de acuerdos cumplidos (no de sesiones), y años de casos que demostraron a los operadores que el acuerdo temprano era mejor negocio que el juicio largo. No hay atajo cultural: hay práctica acumulada. Uruguay puede acortar el camino aprendiendo de esa experiencia, pero no saltárselo. Cada mediación preparada en serio es un ladrillo; cada sesión-teatro es un desaliento que también se acumula.

La mediación seguirá siendo trámite mientras se la trate como trámite. El día que abogados, empresas y tribunales la traten como lo que es —una tecnología de acuerdo—, las estadísticas empezarán a contar otra historia.

Preguntas frecuentes

¿Por qué la mediación fracasa cuando se vive como un trámite?

Porque convertirla en un requisito que hay que cumplir para llegar al juicio vacía el instituto: las partes asisten sin intención de acordar y el mediador se convierte en sellador de un paso formal.

¿Qué hace que la mediación funcione de verdad?

Una cultura del acuerdo: operadores que la recomiendan porque creen en ella, empresas que la consideran una opción seria y mediadores formados como profesionales, no como trámites humanos.

¿Qué puede hacer cada operador jurídico desde ya?

Informar al cliente la opción con honestidad, derivar a mediación los casos donde el acuerdo es posible y medir los resultados propios, sin esperar a que el sistema cambie primero.

Fuentes y límites

Columna de opinión de la redacción sobre la práctica de la mediación en Uruguay. Para el encuadre institucional del instituto, ver qué es la mediación en Uruguay. Información, no asesoramiento jurídico.

Redacción Agente Lex Redacción

Equipo editorial de AGENTE LEX. Elaboramos análisis y actualidad para la abogacía a partir de fuentes públicas y oficiales, que enlazamos al final de cada artículo.

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