La cúpula de Weil Gotshal recomienda a sus socios disolver el bufete tras meses de fugas
El comité de dirección de Weil Gotshal recomienda una liquidación ordenada tras la fuga de socios y una fusión fallida; los socios votarán en días.

La dirección de Weil, Gotshal & Manges ha comunicado a sus socios que la firma debería disolverse, según adelantó Financial Times (Kaye Wiggins) en la información publicada por Expansión. El bufete neoyorquino confirmó después, en declaraciones recogidas por Reuters y Bloomberg Law, que su comité de dirección ha recomendado a la partnership "seguir una liquidación ordenada" tras "una revisión cuidadosa de las alternativas estratégicas". Los socios deberán votar el plan en los próximos días.
Qué se ha decidido exactamente
Conviene precisar el alcance: no hay todavía una disolución consumada, sino una recomendación del comité de dirección sometida a la votación de los socios, cuyo acuerdo es necesario. Si el voto confirma el plan, Weil ejecutará un wind-down ordenado durante los próximos meses, fuera de cualquier procedimiento concursal, asesorada por la firma de reestructuraciones AlixPartners, según una persona conocedora citada por Reuters.
La plantilla ya conoce las primeras garantías: asociados y personal recibirán salario y beneficios durante 90 días y los bonus correspondientes al cierre de 2026. "Durante el proceso de liquidación de los próximos meses, la firma seguirá atendiendo a los clientes con la dedicación y la excelencia que la han definido", afirma el comunicado.
Una sucesión fallida y una fuga sin freno
El desenlace se cocía desde hacía meses. En marzo, Weil anunció que la socia de private equity Ramona Nee sucedería a Barry Wolf, su histórico socio director. Nee, que debía tomar posesión en enero, decidió finalmente no aceptar el puesto, lo que disparó las especulaciones sobre su salida y dejó a la firma sin liderazgo de relevo en el peor momento.
Al vacío de sucesión se sumó una hemorragia de socios de primer nivel: Michael Aiello, presidente del departamento mercantil y considerado uno de los grandes abogados de fusiones y adquisiciones de Estados Unidos, se marchó a Cravath, Swaine & Moore llevándose a cinco socios; Christopher Machera fichó por Paul, Weiss; dos socios de M&A de Londres se fueron a Sullivan & Cromwell y otros equipos partieron hacia Simpson Thacher. Al menos siete miembros del comité de dirección han salido o planeaban salir desde finales de 2024. La última vía de escape, una fusión con Willkie Farr & Gallagher que llegó a contar con acuerdo de confidencialidad firmado, se rompió por falta de apoyo interno; la firma terminó contratando a Davis Polk & Wardwell para explorar la reestructuración, sin éxito.
El bufete que asesoró las grandes quiebras se enfrenta a la suya
La paradoja es difícil de exagerar. Fundada en 1931 por Frank Weil, Sylvan Gotshal y Horace Manges, con sede en el General Motors Building de la Quinta Avenida, Weil construyó su leyenda en los concursos más grandes de la historia: Enron, General Motors y Lehman Brothers, el mayor Chapter 11 jamás tramitado. Un abogado de su propio departamento de reestructuración, incorporado hace tres meses, resumía a Bloomberg Law la ironía de que la firma de las grandes quiebras atraviese ahora su propio colapso.
Los números explican la fragilidad. Con unos 1.200 abogados, Weil facturó cerca de 2.100 millones de dólares el año pasado, entre las 30 mayores firmas de Estados Unidos. Pero su beneficio medio por socio, unos 5,4 millones de dólares según The American Lawyer, queda lejos de los más de 10 millones de Kirkland & Ellis o Wachtell, Lipton. Esa brecha alimenta una guerra de talento en la que los competidores más rentables captan rainmakers con paquetes retributivos agresivos, y cada baja de peso erosiona la confianza de los que se quedan. "Incluso firmas de mucho éxito se meten en problemas si no logran inspirar en sus socios la confianza de que el futuro es brillante", señala Kent Zimmermann, consultor de Zeughauser Group. El precedente que todos citan es Dewey & LeBoeuf, que quebró en 2012 arrastrada por las salidas, la deuda y los compromisos con sus socios.
Ni siquiera el litigio estrella del momento detiene la cronología: Weil defiende a Kroger en el juicio que sigue en Delaware contra Albertsons por la fusión fallida de 24.600 millones, un caso en el que el propio Aiello declaró este miércoles ya como socio de Cravath.
Qué puede anotar la abogacía española
Weil no tiene oficina en España, por lo que el impacto directo sobre el mercado nacional es limitado. La lección, sin embargo, es transversal. Primero, la guerra de talento no es un fenómeno exclusivamente americano: los grandes despachos españoles también compiten por socios con cartera y conocen el efecto dominó de una salida ruidosa. Segundo, el modelo retributivo importa: la tensión entre lockstep y eat what you kill, que en España ya alimenta fichajes y escisiones, está en el corazón de lo ocurrido. Tercero, la planificación de la sucesión no es un trámite: en Weil, una transición de liderazgo fallida fue el detonante visible de la desconfianza. Y cuarto, la estructura societaria condiciona la salida: mientras la partnership americana requiere un voto de socios para disolverse, la sociedad profesional española, regulada por la Ley 2/2007, sigue cauces distintos, pero la pregunta de fondo, cómo ordenar una liquidación sin perjudicar a clientes ni plantilla, es la misma.
El mercado, además, se consolida por dos vías opuestas: mientras Weil se apaga, Cadwalader se fusionó este año con Hogan Lovells y Shearman & Sterling se integró en 2024 con Allen & Overy. Tamaño y rentabilidad se convierten en seguro de supervivencia.
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Fuentes
- expansion.com. Consultada el 30 de octubre de 2026.
Los datos concretos de este artículo proceden de las fuentes oficiales citadas.


