Opinión: la salud mental de la abogacía es un problema de diseño del trabajo
La profesión legal chilena habla cada vez más de bienestar y cada vez menos del modelo de trabajo que enferma a sus abogados.

La abogacía chilena ha aprendido el vocabulario del bienestar: programas de mindfulness, charlas de salud mental, semanas de desconexión. Todo eso convive, sin embargo, con un modelo de trabajo que no ha cambiado: metas de horas facturables, disponibilidad permanente y la creencia de que el agotamiento es el precio de la seriedad profesional. Esta columna de nuestra sección de opinión sostiene una tesis incómoda: la salud mental de la abogacía es un problema de diseño del trabajo, no de resiliencia individual.
El síntoma y la causa
El mercado lo confirma por omisión. Las ofertas de empleo más competitivas (como la de EY para abogados de consultoría laboral) prometen hoy «programas de bienestar» como beneficio, junto a exigencias de disponibilidad y alta exigencia que nadie cuestiona. La paradoja es evidente: se trata la consecuencia como beneficio sin tocar la causa como requisito.
Ninguna charla de autocuidado compensa una estructura que premia responder correos a medianoche y castiga, en la evaluación de fin de año, al que no lo hizo. Mientras la métrica de la carrera sea la hora facturable, el bienestar será cosmético corporativo.
La responsabilidad es del diseño
No se trata de negar la responsabilidad personal, sino de ponerla en su lugar: el diseño del trabajo lo decide la firma, no el abogado junior. Si el estudio mide y paga horas, producirá profesionales agotados; si mide y paga resultados y calidad, producirá otra cosa. La conversación honesta sobre salud mental en la abogacía es, en el fondo, una conversación sobre cómo se fijan las tarifas, las metas y las evaluaciones.
La pregunta útil para cada despacho no es «¿qué programa de bienestar tenemos?» sino «¿qué incentivo nuestro produce el agotamiento que luego intentamos aliviar?». La respuesta suele ser más barata de corregir que el programa de bienestar, y más rentable.
Lo que sí cambia algo
Los cambios reales son menos fotogénicos y más estructurales: equipos dimensionados para la carga real, metas de facturación compatibles con una jornada humana, evaluaciones que premien el juicio y no la permanencia, y socios que modelan los límites que predican. Nada de eso cabe en un afiche de bienestar, y todo eso es lo que los abogados evalúan al decidir dónde quedarse.
La profesión que formó generaciones de litigantes brillantes puede permitirse formarlos también sanos. El costo de no hacerlo ya lo paga: en rotación, en errores y en una generación que mira el modelo y elige otra cosa.
Preguntas frecuentes
¿Qué propone esta columna sobre la salud mental en la abogacía?
Que el agotamiento de la abogacía es consecuencia del diseño del trabajo (horas facturables, disponibilidad permanente) y que los programas de bienestar no lo resuelven si los incentivos que producen el agotamiento siguen intactos.
¿Los programas de bienestar de los estudios no sirven?
Sirven como complemento, pero no como solución: ninguna charla compensa una estructura que premia trabajar de noche y castiga los límites. El cambio efectivo es en metas, dimensionamiento de equipos y evaluación.
¿Quién es responsable de mejorar la salud mental de la abogacía?
Principalmente quien diseña el trabajo: las firmas, en sus metas, tarifas y evaluaciones. La responsabilidad personal existe, pero opera dentro de un sistema que otros deciden.
Mientras tanto, la responsabilidad individual tampoco desaparece: elegir empleador con criterio, poner límites defendibles y medir el propio desgaste son decisiones que cada abogado puede tomar incluso dentro de un sistema imperfecto. Conocer el mercado ayuda a elegir: la guía de cuánto gana un abogado en Chile muestra qué factores negociar antes de firmar.
Qué puede hacer un abogado hoy, sin esperar la reforma
Mientras la discusión estructural madura, hay decisiones individuales y de equipo que no requieren permiso de nadie. La primera es nombrar el problema sin eufemismos dentro de la propia oficina: una conversación honesta sobre carga y horarios ya cambia la cultura más que un programa de bienestar cosmético. La segunda es diseñar la semana con límites explícitos (horas de cierre, turnos de guardia, respeto real de vacaciones), porque lo que no se agenda se pierde contra la urgencia permanente. La tercera es cuidar a los más juniors, que son quienes menos poder tienen para decir que no y quienes más rápido se agotan.
Nada de esto sustituye el cambio de fondo en el modelo de negocio de la abogacía, pero tampoco hay que esperarlo para actuar. La salud mental en la profesión no se arregla con un congreso ni con una sola medida: se arregla con la suma de decisiones pequeñas, repetidas y visibles, empezando por las que cada estudio puede tomar este mes.
Porque esa es la verdad incómoda del tema: nadie vendrá a regular las jornadas de la abogacía desde fuera en el corto plazo. Si la profesión quiere jornadas más humanas, tendrá que construirlas desde dentro, estudio por estudio, conversación por conversación. No es el camino rápido, pero es el único que la historia de esta discusión muestra como efectivo.
La conversación, en todo caso, ya empezó, y eso en sí mismo es un cambio respecto de la década del silencio.
Fuentes y límites
Columna de opinión de la Redacción Agente Lex elaborada a partir de la oferta publicada en EY Careers (consultada el 23 de octubre de 2026) y del debate público sobre bienestar en la profesión legal. Las opiniones son de la redacción. Información, no asesoramiento jurídico.
Fuentes
- Vacante Abogado/a Consultoría Laboral - Equipo de Transacciones, EY Careers. Consultada el 23 de octubre de 2026.
Los datos concretos de este artículo proceden de las fuentes oficiales citadas.
